La atmósfera nacional está cargada por las diversas ansiedades de la campaña electoral, que de seguro se hará cada vez más complicada de aquí a marzo próximo. Hay, por ahora, poca claridad sobre las ofertas electorales y, sobre todo, sobre los verdaderos estilos de gobernar entre los que deberá escoger la ciudadanía. En el caso de la izquierda, las señales de ambigüedad lejos de disminuir van aumentando, y eso es incomprensible como estrategia frente a una ciudadanía que está ávida de certidumbres. En el caso de la derecha, falta mucho por decidir y definir, y el tiempo se va quedando corto.
En tal estado de cosas, y dadas las condiciones tan difíciles en que se mueve la realidad nacional, específicamente en los planos económicos, con serios impactos provenientes de la situación mundial, se están manifestando voces que inducen a la cordura, no sólo frente al desafío electoral en marcha, sino sobre todo con mira en lo que necesitará el país después de junio del año que viene. Son voces empresariales importantes que tratan de estimular el consenso en temas de nación, para asegurar que en el futuro inmediato habrá la gobernabilidad suficiente para que el país siga adelante en la ruta de un satisfactorio desarrollo. Los Presidentes de FUNDEMAS y de FUSADES, que son figuras de alta respetabilidad en el ambiente, están en esta línea, y lo dicen abiertamente.
Es claro que nuestro proceso se enfrenta, en esta coyuntura electoral e histórica, a peligros reales, que son más que ideológicos en abstracto. En el caso de la izquierda, el hecho de carecer de liderazgos claros y de líneas de acción inequívocas genera dudas de peso. En el caso de la derecha, la necesidad de replanteamientos de fondo sigue siendo vital.
LOS PARTIDOS DEBEN ENTRAR EN RAZÓN
Se comprende que una campaña como la presente produzca tensionamientos fuera de lo común. En la evolución democratizadora, hay momentos de especial significación decisiva, y éste es uno de ellos. Pero como nada es casual y todo forma parte de una corriente continua que tiene su propia lógica —en este caso, la lógica del aprendizaje democrático en acción—, lo que estamos viviendo debe ser analizado, asumido y procesado de una manera congruente con la naturaleza del fenómeno; y los primeros llamados a hacerlo así son los partidos políticos en competencia.
Aunque en el pasado más reciente la estrategia que prevaleció fue la de querer sacar ganancias partidarias del hecho de no entenderse, la misma realidad del proceso está haciendo que eso tenga que cambiar, más allá de cualquier voluntad partidaria. Por ejemplo, en el caso de los compromisos que se avecinan para honrar la deuda externa del país, nada que no sea un entendimiento político adecuado para conseguir el refinanciamiento podría funcionar. En otras palabras: aquí la cosa es sí o sí.
Lo más probable es que el clima de tensiones electorales sólo permita algún acercamiento en lo urgente; sin embargo, cualquier gestión gubernamental futura demandará acuerdos mínimos responsables en temas de nación, como las reglas básicas del desarrollo, la inversión social intensiva que se requiere y el aseguramiento del rol del Estado en la preservación del régimen de libertades. Son certezas que nadie podrá evadir.